Es curiosa la amistad. Ayer comí con un amigo que me conoce bien y que es seguidor de este blog. Me propuso que comentase hoy algún asunto más personal que político. Por la noche recibí unos mensajes vía SMS de otro amigo, preguntándome el tema del artículo de este sábado. Le contesté que no lo tenía claro y me aconsejó aproximadamente lo mismo: “eres tan madraza que deberías escribir sobre Maternidades”.Es el nombre de una exposición que hemos presentado en Fuengirola compuesta por 16 fotografías entrañables, penetrantes, potentísimas. “Maternidades” trata de la fuerza de la maternidad en las condiciones más adversas, de mayor pobreza, de inmensa soledad, de conflicto bélico, de marginación. Dos de estas imágenes ofrecidas por la Obra Social de La Caixa representan madres toxicómanas españolas, que también sufren su tragedia.
Me encantó. Me entristeció y a la vez me alegró. Me desanimó inundándome de escepticismo y a la vez me transmitió tanto poder que me creí capaz de superar cualquier obstáculo. Es tan ilimitado el amor de la madre, tan protector y seguro que parece imposible que también en esa relación de afecto eterno, se introduzca el dolor y la destrucción. Nada permanece intocable. La maldad lo contamina todo. Sin medida. Sin control.
Pero pensé que en lo triste de la exposición, las madres de occidente no nos quedábamos al margen. En lo alegre y vital, tampoco. Somos menospreciadas, anónimas, penalizadas en el trabajo. Ser madre se convierte en inconveniente para el empleo, en una traba para la renovación de un contrato, en un punto negativo para inspirar confianza de rigor y entrega laboral. En este mundo materialista de aspiraciones exitosas, que no dan la felicidad, la maternidad no suma. Por el contrario, resta.
Ser madre, a veces, en la propia pareja se convierte en un mayor nivel de exigencia para que la vida se altere poco bajo el peligro de repercusión en la armonía conyugal. En nuestro mundo no está permitido que ser madre signifique para la mujer, objeto importante de atracción sexual, mermar ni un ápice sus condiciones físicas por el embarazo o por las noches sin dormir. Ser madre no puede impedir permanecer de chica 10 a todas horas.
No son circunstancias tan tristes ni radicales como las que se reflejan en la exposición, pero son las nuestras, las que nos toca soportar, nuestra particular heroicidad. No obstante, tiene su recompensa infinita. En lo positivo y en la fuerza arrolladora del amor maternal, somos auténticas protagonistas. No nos quedamos atrás. Somos el motor de la humanidad, de la vida, de la continuación y supervivencia de la familia, de la cohesión, del espíritu de sacrificio, del amor sin condiciones. Somos las de las miradas que lo dicen todo. Las de la fuerza inagotable. Las de la complicidad silenciosa. Las de la comprensión continuada. Las de la mejor experiencia.
La exposición nos recuerda la grandeza de un sentimiento incomparable. Y nos invita a reflexionar sobre el egoísmo inconsciente que justificado por el Primer Mundo considera la maternidad como un problema que se interpone. Como algo de lo que no está bien abusar. Como algo residual que sirve para satisfacer mínimamente un instinto, si es que existe, pero no más. Como algo prescindible.
Pues para mí no es eso. Es la causa y la consecuencia. Es la razón superlativa. Es lo más importante que he podido hacer. Es mi mayor orgullo. Tengo dos hijos que son mi centro de gravedad, el eje que todo lo sostiene. Mi quebradero de cabeza y mi más elevado destino. “Donde está tu tesoro, allí está tu corazón” decía Jesús de Nazaret.
“Maternidades” reivindica la fuerza de la maternidad. Aplastada por la miseria y el extremismo su dignidad se abre paso expresándose con brutal libertad.
Sin llegar tan lejos y aunque no lo sepamos, en los países occidentales de comodidades frecuentes, de facilidades a menudo, la maternidad es también lo más auténtico e importante. Es inalterable. Es el tejido de sostén. Es la chispa infinita de la vida. Es nuestra mayor garantía. No permitamos que se desvirtúe, que pierda valor ni consideración. Sería un daño contrario a la naturaleza femenina, a la masculina y al equilibrio de la sociedad.
No tengo ninguna duda.
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Comentarios (6)

CD
dice:
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... Madre del alma, madre querida, Son tus natales, quiero cantar; Porque mi alma, de amor henchida, Aunque muy joven, nunca se olvida De la que vida me hubo de dar. Pasan los años, vuelan las horas Que yo a tu lado no siento ir, Por tus caricias arrobadoras Y las miradas tan seductoras Que hacen mi pecho fuerte latir. A Dios yo pido constantemente Para mis padres vida inmortal; Porque es muy grato, sobre la frente Sentir el roce de un beso ardiente Que de otra boca nunca es igual. Pd. no es mío, pero me encanta, es de un poeta cubano llamado José Martí |
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Ictius
dice:
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... La verdad es que tienes razón. La maternidad es un problema para la pareja. Más de lo que nos gusta reconocer. Y no tiene solución. Durante muchos años, los mejores, eres padre o madre, pero los hijos te quitan ser matrimonio. Los hombres en ello, pecan de egoísmo e incomprensión. Las mujeres, de creer que el problema no existe porque no debería existir. Ellos se quejan, ellas se quejan. Muchos no lo superan. Otros fingen que no les importa, que ya pasará. Y unos pocos elegidos encuentran lo necesario para que no. Pase nada. Y el caso es que hoy los padres ayudan no lo bastante, pero mucho mas a las madres pero el problema, sin embargo, sigue igual. Por esto y por muchas cosas mas no sé si la monogamia es razonable. Para ellos y ellas, ojo. Al fin y al cabo, ni está en la naturaleza (salvo excepciones) ni es otra cosa que el resultado de habernos educado en la posesión del otro. O no, porque cuando muchos no nos la cuestionamos... De todos modos, gracias Esperanza. Por ilustrarnos sobre "el otro punto de vista". Y por todo lo demás. |
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Paco
dice:
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... Interesante cambio (total) de temática respecto a lo que nos tienes acostumbrados. Algo más emotivo y "más de valores" a pesar de que, en realidad, todos tus artículos van cargados de ellos. Enhorabuena una vez más. |
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lucía sierras
dice:
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... Hola Esperanza. Hace bastante que no escribo, aunque cada semana leo con interés tu blog. Creo que el tema de esta semana, aunque veo que no ha motivado tantos comentarios como el del sábado pasado, es importante. Hace algunos meses hablabas de la necesidad que tienes en ocasiones de tratar asunto más cotidianos en los que a veces, por tenerlos cerca, no reparamos ni dedicamo una reflexións. Así sucede en esta ocasión. No soy madre y, sinceramente, no creo que llegue a serlo. Pero tengo una madre, a la que adoro y a la que reconozco su valor y entrega en cada gesto, mirada, sonrisa o regallina. Las madres en general, no digo que no haya excepciones, son admirables. Sois admirables. Creo que no hay un amor más sincero y desinteresado que el de una madre hacia sus hijos. Eso es así, y aunque los hombres cada vez se acercan más al papel que siempre ha desempeñado la madre en el seno de la familia, aún les queda mucho camino que recorrer. Hay que tener en cuenta que las mujeres carecemos de un condicionante indispensable para acceder a ese nivel de entrega total: el egoismo. Lo siento por los hombres, pero hasta que no se desprendan de ese lastre no llegarán ni de lejor a alcanzar el amor que una madre puede dar a sus hijos. Enhorabuena Esperanza. Me consta, porque así te lo he oido mencionar en multitud de ocasiones, que tus hijos son realmente el motor de tu vida. Un abrazo |
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Christian J.
dice:
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... Sí, es un buen artículo. Coincido con Lucía Sierras en que el tema que se trata quizás despierte menos el interés, por el simple motivo de que la Maternidad como tal, y como también describe su nombre, ha sido siempre por naturaleza un asunto que más ha tenido que ver con las madres. Lucía Sierras acierta cuando dice que el hombre puede ser más egoista. Es cierto. Pero también es cierto, que lo somos por naturaleza, no porque queremos. Por ejemplo somos más apasionados y propensos a las velocidades como la Fórmula Uno, porque así somos. No tiene más vueltas. Por eso lograr una total igualdad entre mujeres y hombres, y en especial en el asunto de la Maternidad, por mucho que queramos y se crean Ministerios inútiles para esta función, debemos tener en cuenta que la Madre Naturaleza también tiene algo que decir, y que si no fue su plan que el hombre pudiera engendrar una criatura dentro de su vientre, quizás su plan fue que la madre fuera la "jefa" en este asunto, y así tuviera mucho más el sentido de la Maternidad que los hombres. No creo que haya que reprocharle esto a la Madre Naturaleza, ni crear Ministerios inútiles que van en contra de la Madre Naturaleza. Élla es sabia, Dios la creó. Esto no quita que debamos todos ayudar con todas las labores entre pareja, grupos o simplemente mútuamente con cualquier ser humano. Una cosa es tener sentido de la responsabilidad, el respeto y las buenas maneras, y otro el sentido de la Maternidad. Ésta última no la puedo comentar, puesto que soy hombre. PD: También está el asunto de la adopción. Algun@s opinan que no es lo mismo que haber parido uno mismo la criatura. Tampoco sé qué decir en este asunto, pero estoy seguro y muy seguro, que la sensación debe ser la misma. El problema puede venir luego, cuando la criatura cumpla la mayoría de edad y vaya en busca de sus padres biológicos. He vivido una experiencia muy cercana a mí, y os aseguro que sus padres adoptivos están destrozados por este asunto. Quizás la Maternidad también implique que una madre haya engendrado a su hij@ para que el vínculo sea mayor. Qué sé yo. Quizás alguna madre me responda jeje También defiendo que puedan adoptar más fácil y abiertamente las familias que puedan darle un buen futuro a sus hij@s adoptados, y seguro muchos me critiquéis cuando diga que también las parejas de hecho, siempre y cuando cumplan unas reglas básicas de convivencia. ¿Os acordáis de la serie americana Full House?, eran 3 padres criando a 3 niñas, y todos nos divertíamos con la serie y nos parecían tan majos todos. Christian Jota. |
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Christian J.
dice:
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... Quisiera añadir una corrección cortita a mi comentario anterior: Me refería a la serie de televisión "Full House", y no family matters como puse, en la que tres padres crían sin problemas a 3 chicas en edades difíciles. Christian Jota. |
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